Apuntes para el amar, entrevista con un gígolo mexicano.
Luis Alfonso es un mexicano especial al que le puede venir de buena manera el calificativo de gígolo. De adolescente escapó de su casa por el gusto de vagar con sus amigos. Su aventura lo hizo embarcarse como polizón hacia Portugal. En Lisboa sobrevivió como mesero entre tabernas donde conoció a un grupo de árabes traficantes de vinos, con los que se enroló para conocer Asia y África. Pronto su actividad como proveedor de licores y de piezas de arte le permitió acceder a círculos exclusivos de la aristocracia europea. Su trato con mujeres bellísimas, su contacto con el jet set o su éxito como amante, no son obstáculos para abordar una plática cordial.
Arturo Durán: Recientemente declaraste a una revista francesa que las mujeres para ti eran como el vino, pero no hubo explicación de tal semejanza.
Luis Alfonso: Es simple, hay quienes beben para perderse. Yo al licor como a las mujeres, los tomo para encontrarme.
Arturo Durán: ¿Usas el sentido común para conquistar a las mujeres?
Luis Alfonso: El sentido común se ha vuelto un lugar común: el sentido común es el menos común de los sentidos. Te diré que para mí el conquistar a una mujer es un atrevimiento. Aunque no lo creas, siento gran inseguridad al acercarme a la mujer que me atrae. El gusto de la conquista se transforma también en reto para superar mis miedos. Por lo que al final puedo disfrutar del placer de la seducción y de la derrota de mis temores.
Arturo Durán: ¿Amante ó patán?
Luis Alfonso: No. Un patán es un seductor sin valor agregado que se consume en el acto sexual, en una relación a la que nunca se podría llamar amorosa. Desconfío de los encuentros ocasionales en el elevador o en las cocinas. ¿Dónde queda el valor del tiempo, de las palabras? El acto sexual como mero deporte simplifica al individuo y, amantes, permíteme la soberbia, son muy pocos. Tal vez los mitos de Casanova o Don Juan. Yo me conformo con ser un simple aprendiz.
Arturo Durán: Tus encuentros han sido muchos con mujeres extraordinariamente bellas y afamadas…
Luis Alfonso: Sin embargo, creer que porque nos acostamos con una persona famosa estamos realizando un acto pleno, yo pienso que es un hecho ficticio porque ese placer se basa en acceder a un prestigio que uno mismo no ha podido crear. Y eso es una tomada de pelo para nuestro orgullo. Al acostarme con una mujer yo no juego a campeonatos de poder.
Arturo Durán: A pesar de haber vivido entre el jet set internacional guardas mucho recato, ¿te molesta la popularidad?
Luis Alfonso: Me cuesta trabajo pensar así. La gente que se dice popular necesita de la publicidad para vender y venden porque es su forma de sustento. No está mal, pero ahora resulta exagerado lo que pasó con la princesa Diana o su esposo Carlos. Personas que me resultan intranscendentes, pero que hoy el mundo sabe hasta del color de sus pantaletas o la posición sexual preferente del príncipe ¿Qué es del individuo después de la exhibición vulgar de su muerte o de su intimidad?
Durán Padilla: ¿El problema es de los medios?
Luis Alfonso: No lo sé, pero sin duda se trata de un asunto más difícil de pensar. Hoy es fácil pasar de ser narcotraficante desconocido a una celebridad nacional, de una mirada que se esconde detrás de un pasamontañas a un supuesto proyecto de país. Cómo es posible aceptar que algo que se dice llamar paulina rubio (y escríbelo con minúsculas) tenga talento. En el radio o en la televisión, no logro explicarme cómo las personas permiten la ofensa, y esa sirva para sostener a un par de patanes en el “interés” de mucha gente. De qué valió enterarse si Boris Yeltsin fue cargado por su ebriedad. Eso está generalizado y la gente lo acepta, eso es preocupante.
Arturo Durán: Regresando un poco, ¿qué opinas de los manuales amorosos, por ejemplo del Kamasutra?
Luis Alfonso: Bueno, creo que libros como ese fueron escritos con un gran sentido religioso, dedicados a una aristocracia culta que estaba preparada para leer. Más que un recetario de recomendaciones sexuales son ante todo formas de entender el mundo, como maneras de vida que no se limitan a lo sexual sino que se integran a una manera de aceptar la desdicha o la fortuna.
Arturo Durán: ¿Los recomendarías?
Luis Alfonso: A mí nunca me ha interesado normar conductas. Lo que quiero decir es que estos textos fueron hechos para un tipo de personas con una cultura particular y con problemas muy de su tiempo. Lo cierto es que si no tomamos como referencia eso, lo más seguro es que el libro sea de poca utilidad y se reduzca a un simple manual de consulta y se olvide de un disfrute más íntimo como lo propone el libro de Los Vedas o El Cantar de los Cantares de Salomón.
Arturo Durán: ¿La naturaleza del hombre de hoy es diferente a la de aquellos ...
Luis Alfonso: La física no, pero la espiritual, la ética o como se le quiera llamar es muy distinta. Cuando yo digo que hay que tomar de referencia al contexto de esos manuales pienso que hoy aparecen problemas como el SIDA y las prohibiciones que establecen esos libros las podemos entender como un asunto de recato. Hoy contamos con esos manuales clásicos pero también con la medicina, la ciencia, la terapia y no por eso disfrutamos más o menos que los individuos contemporáneos de esas obras. El mayor de los beneficios de mi lectura ha sido entender que el disfrute no lo puedo reducir a la cama. En todo caso, tengo que hacer de la cama una extensión más de la plenitud de la vida.
Arturo Durán: Percy Van Hess, el famoso play boy alemán quien ha escrito varias novelas como Mi dulce gígolo o Chantal, asegura haber sostenido relaciones amorosas con más de dos mil mujeres, muchas de ellas le han obsequiado perlas, o un Rolls Royce como el caso de una princesa persa. ¿Es posible sostener una vida sexual tan activa y al mismo tiempo obtener grandes utilidades económicas?
Luis Alfonso: Respecto a su actividad sexual eso lo tendría que valorar un médico y no yo. En cuanto a las utilidades para mí no se trata de un beneficio económico sino de una gratificación más amplia. Yo no podría proponerme una meta tan grande porque mi libido no alcanza a cubrir tales cuotas. Si yo lo hiciera únicamente por dinero me prostituiría, pero ese tampoco para mí es un problema moral. Digo que sólo puedo “acceder” con una mujer cuando verdaderamente la deseo y me desea. Tengo entendido que Van Hess después de haber roto con su esposa, una de las prostitutas más afamada de la agencia de Madame Claude en París, se deprimió hasta caer en el alcoholismo, y que ahora escribe novelas. Eso es algo en lo que sí puedo competir con él. Pero desde el otro lado, desde la lectura.
Arturo Durán: Hablando de algunas de las inclinaciones de Percy, ¿qué opinión te merece la pornografía que se produce en México?
Luis Alfonso: Conozco muy poco, pero veo que reproduce mucho de los patrones exteriores. Es más visual que escrita, que tiene un gran desprecio por la fisonomía de las mujeres mexicanas, que no atiende a principios mínimos de calidad, que es predominantemente machista, y que así contribuye muy poco como referencia para quienes la consumen. Tal vez porque está tan mal hecha explique que se siga escondiendo debajo de los colchones. En México creo que falta bastante por entender, y no me refiero a la censura en donde veo que se ha ganado mucho, creo que a los propios consumidores les falta exigir mucho.
Arturo Durán: ¿Has pensado regresar a México?
Luis Alfonso: En este momento para mí es muy difícil asegurarlo.