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PUBLICACIONES DEL DR. RAFAEL VELA
  Currículum vitae. Dr. Rafael Vela Martínez
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  Investigaciones Realizadas o Coordinadas por el DR.Rafael Vela Martínez
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  Constancia como miembro del RCEA:Registro CONACYT de Evaluadores Acreditados
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DERECHO, VALORES Y EDUCACIÓN
GILBERTO NIETO AGUILAR
08/FEBRERO/2010

Las especulaciones de don Jerónimo

SEGUNDA PARTE

En el gran patio donde se construye aquella casita de campo, de una sola habitación, sin los cuidados de una edifica ción citadina porque es más bien una reconstrucción sobre las viejas paredes maltratadas por el paso del tiempo, abandonadas por los antiguos dueños, Don Jerónimo atisba el amplio horizonte tomándose un descanso en su trabajo agotador.

La caricia del viento sobre las hojas y las copas de los árboles, el cántico de las aves, algún ladrido extraviado entre la espesura del monte y la ladera, y el suave susurro del arroyo, son el marco musical sobre el cual se dibuja su figura cansada, de mirada triste y meditabunda. ¿Cuál será el objeto de sus dolientes pensamientos? pensé en aquel momento, antes de saludarlo.

–– Buenos días, Don Jerónimo ¿Qué le preocupa ahora?

––Nada, profe. Simplemente estoy cansado. Es sábado y estoy ansioso por ver a mis tres hijos.

––Debe ser duro no estar todos lo días con ellos. ¿Su esposa trabaja en Patlanalán?

––No. Lo que pasa es que ella tiene una casita allá y por eso es que nos fuimos a vivir a la laguna. Estuvimos bien mientras hubo trabajo pero ya sabe: la crisis acaba también con las oportunidades.

––¿De verdad no hay nada de trabajo por allá?

––Mire: tal vez sí halla, pero es muy poco y mal pagado. No alcanza para lo elemental. Los patrones cuidan su dinero a costa de nosotros y contratan a quien cobra menos . Acá en Veracruz, aunque no es cierto que todo vaya bien, sí es verdad que hay más trabajo y más oportunidades.

––¿Conoce usted otros lugares?

––El norte. Pero por allá las cosas sí que están muy feas. No me atreví a cruzar la frontera porque con lo que vi de este lado y lo que me contaron del otro lado, preferí seguir con mi familia y ganando poco. La aventura y la incertidumbre no son para mí. Los malos tratos y el peligro a muchos les agradan y reconozco que varios cruzaron y la hicieron; pero otros murieron en el intento o tuvieron que olvidar a sus hijos conformándose nada más con enviarles dinero. Eso ya no es familia.

––Sé de muchos que alimentan la esperanza de volverse a reunir

––Pero, profe, ¿qué necesidad hay de eso? Una de dos: o me aguanto sufriendo las condiciones tan malas que nos ofrece el país, o me voy tratando de quedarme por allá solo, o con la familia, ¿no cree? Si viera usted las gruesas láminas llenas de cruces que separan la frontera…

––Es usted un poco radical

––No, lo que pasa es que este #+*&% gobierno no piensa en el pueblo. Sólo le importa que prosperen sus negocios particulares y los de sus cuates y que al pueblo que se lo lleve la #$%&*@ . Los pobres no contamos. Nada más nos recuerdan en los discursos, para llenar con palabras lo que no llenan con trabajo.

––Caramba, don Jerónimo, pues tiene usted razón–– le contesté, sin argumentos para refutarle una verdad tan llana.

––La crisis afecta muchas cosas que el gobierno no ve ––continuó hablando––. Nos ahoga a los que tenemos un modo honrado de vivir. Por eso hay muchos que se dedican a robar, a la droga, a lo que sea, con tal de obtener dinero. Hay quienes me aseguran que a los limosneros les va muy bien, pero a mí me daría vergüenza pedir dinero en las calles sin hacer nada. Prefiero caminar ofreciendo mis servicios, aunque a veces no encuentro quien me contrate, y el hambre o alguna enfermedad aprietan o castigan la casa.

––Lo dice usted con mucho sentimiento…

––¡Lo digo porque lo siento! Se lo platico porque usted me pregunta y me quiere escuchar, aunque a veces pienso que lo aburro con mis cosas. Usted tiene preparación y no sufre de lo mismo.

––Mire , don Jerónimo, yo soy un asalariado que tiene limitaciones económicas como todos los que dependen de un sueldo. He leído un poco, pero es mi obligación porque soy maestro. En los asuntos de la vida, como por ejemplo el sentido común, la conciencia social y el equilibrio emocional, no siempre son del dominio de los más preparados, aun cuando se supone que debiera ser así. Definitivamente no me aburro escuchándolo; al contrario, usted me ilustra mucho porque habla de la vida espontáneamente, a través de su experiencia y de lo que ha batallado para ganarse el pan de cada día.

Su mirada se torna recelosa, dubitativa; pero luego sonríe con una risa franca y abierta, de quien nada tiene que ocultar y a nadie le debe nada. Por el contrario, es esta sociedad mexicana injusta la que le debe mucho a él y a otros, que quizá en peores condiciones , están luchando por abrirse paso y sobrevivir.

gnietoa@hotmail.com